Capitulo III
Capítulo III
Y Simplemente Te Vi.
Ya era lunes y aún estaba sumergido en los buenos recuerdos que tenía de mi última noche con Laura. Por esa razón, estaba un poco más ido que de costumbre. Elena me ha mandado hoy a hacer el trabajo más obstinante de la biblioteca, el de dar libros. Es el que más odio porque involucra envolverme con la gente, y me trae horribles recuerdos… Trabajaba con “ella” la última vez que andaba en el mostrador haciendo esto. Sí, aquellos tiempos… Me pregunto dónde andará en estos momentos.
“Light my candles, in a daze 'Cause I've found God”… ¡Hey, hey, hey! ¡Sin darme cuenta ando medio cantando la canción que escuchaba en el iPod! Al ser una de mis favoritas y tener mucho volumen, no noté el ridículo que estaba haciendo. Entonces, una chica me dice “Hey, linda canción! ¡Jajaja! ¡Me encanta como cantas!”. “Hmmm… ¡Haciendo el ridículo frente a esta loca!”. Me saco los audífonos y la miro hacia la cara, curiosa sensación me dio al verla… Dijo: “Hola, chico. ¿Cómo andas?”. ¡Qué extraño!, alguien preguntando a un mediocre como yo cómo anda, así por así. Eso no es usual por estos lados. “Bien”, le contesté. En ese momento una fuerte tos me entró, por causa de mi vicio. Ella dice “Hmmm… no muy bien. ¡Jajaja! Se nota que andas fumando mucho, ¿sabes? ¡Fumar mata! No lo hagas”. En vez de usar mi típica repuesta, de manera muy extraña le dije “Lo tomaré en cuenta. Y, ¿qué deseas, alegría andante?”. “¡Jajaja! Llámame Julia! Hmmm… Y busco Los Pasos Perdidos de Alejo Carpentier”. “Ok, Juli. Déjame ver si lo tengo”. Entonces, ella pregunta: “Por cierto, ¿tú cómo te llamas?“. “Llámame como desees”, respondo. Ella se ríe.
Ando buscando el libro de Juli. Hmmm, no la conozco y ya le puse un sobrenombre, ¿qué me pasa? Qué raro, el libro no estaba. Regreso al mostrador con la mala noticia, y ella me dice: “Paul, así te voy llamar siempre. Ese nombre me trae felices recueros y no he tenido la oportunidad de ponérselo a alguien aún”. Me pica el ojo. “Ok, soy Paul ahora, me agrada. Bueno, Juli, no tengo el libro en estos momentos, pero de seguro para mañana lo tendré”. “Hmmm. Qué mal, mi Paul. ¡Jajaja! Toma: 555-01-34. Llámame al tenerlo”. “Pero, ¿qué te pasa? ¿Me vas a dar tu número así por así?” Ella responde “Síp. ¡Jajaja! Me das mucha buena vibra. Adiós, Paul”.
Me quedo pensando. ¿Qué me pasó? Esto no suele pasar. Menos a mí. No soy del tipo de gente que se la pasa conociendo chicas. No soy como aquellos que se la pasan dentro de un gimnasio trabajando los músculos; no me gustan mujeres de Mattel, que se la pasan buscando tipos con dinero para no hacer nada más en su vida que casarse con ellos y luego engañarlos con tipos como yo o peores. Por lo tanto, evidentemente, mi grupo no es muy amplio. Rectificando, además de “ella” y de Laura no he tenido muchas otras… ¿cómo decirlo?, amistades. Y, pensando en frío, ella es mi dolor; y Laura fue su cura. “El Tiempo de Dios es perfecto”, me dice Elena de manera espontánea, y yo “¿Ah? Sí, ya enloqueció Elena”. “Ya verás, hijo. No loquees con chamitas así en el trabajo. El Tiempo de Dios es perfecto”.
Sin prestarle mucha atención a lo que decía Elena, continué con mi compromiso laboral, y así, poco a poco, entre apatía y pensamiento, se pasó el día. Salgo del trabajo, me despido de la gente…. Y, ¡ay! Lástima, se acabó la batería del iPod. Ni modo, hoy camino con los humanos en su absurda cotidianidad. ¡Jajaja! En eso leo el número de Juli. Qué rara esa chica, de verdad. Escucho un grito: “Paul, Paul”. Volteo y es ella. Observándola venir hacia mí veo que de verdad es bella. No es una modelo a la que provoca hacerle un poco de cosas a lo bajos instintos, ni es una muñeca de porcelana que sólo quieres mostrársela a todo el mundo para que sepan que está contigo. Es algo distinto, es una sensación como de tenerla, de casarse. Dios, ¿en qué pienso? “Hola, bobito. ¿Cómo estás?”. “¿Bobito? ¡Jajaja! Bien, ¿y tú?”. Me da un beso en el cachete y se me queda viendo. “Bien, normal. ¿Qué haces? ¿Quieres un café? No sé, me provoca hablar con alguien. ¡Vamos, vamos!”.
No sé por qué fui con ella. La tarde estaba lluviosa, pero nos la pasamos de lo mejor. Ella empezó a hablarme de un poco de cosas sobre la nada, y yo simplemente la veía, y afirmaba todo lo que me decía. Tenía mucho tiempo que no observaba a nadie de ese modo. Pienso que debe ser esto lo que dice la gente, que cuando estás conociendo a alguien que te guste… Sí, lo acepto. Ella me encanta, me hace olvidar hasta quién soy, fui o seré… No es importante saber cuál es su música, canción, película favorita. Lo único que se debe saber, es que tu oficio favorito es estar junto a ella.
En esos momentos termina la lluvia, y sale el sol. Se forma un arco iris en el panorama y me dice: “Mira, hay paz en el mundo”. “Ah, ¿por qué? ¿por el arco?”. “Sí”, me responde. “Cuando Noé le preguntó a Dios si iba a existir paz en la tierra, él le dijo: sí, hagamos un pacto. Y de allí, para recordar el pacto nació esto”. “¡Ah!, curioso. Pensé que era donde los gnomos guardaban su fortuna en lugar de los bancos”. “¡Jajaja! Bobo”. De repente un tipo se acerca y ella me dice: “Al fin llegó, ese es mi novio Paul”... Me dio un beso y se fue. “Recuerda llamarme cuando tengas el libro. Nos vemos”.
Me quedo en shock unos momentos y digo ¿qué paso? Debí haber traído el cargador del iPod y me ahorraba esta desilusión... Suspiro, pero porque a mi mente se le antoja el capricho de su imagen. Qué rabia de verdad. Yo no buscaba ni quería nada, y simplemente te vi.

